El español (o castellano) ha experimentado cambios profundos en su ortografía a lo largo de los siglos, distanciándose gráficamente de sus hermanas romances como el francés o el portugués. Este recorrido muestra cómo la escritura se moldeó tanto por la evolución interna de la lengua como por decisiones institucionales, particularmente de la Real Academia Española (RAE).
Nebrija y la primera gramática
En 1492, Antonio de Nebrija publicó la Grammatica Castellana, el primer intento sistemático de describir y ordenar la estructura y la ortografía del español. Su impacto inmediato fue limitado, ya que el castellano no se consideraba aún una «lengua de cultura«. La variabilidad era común, incluso en textos oficiales y en la propia obra de Nebrija.
Como era de esperarse, quienes impulsaron las discusiones sobre ortografía y gramática fueron hombres instruidos, con acceso al latín y al griego. Esta élite, con poder económico y cultural, marcaba distancia frente a los hablantes del español cotidiano y, sobretodo, del rural, que nunca se apropiaron plenamente de las reformas académicas —no solo por razones socioeconómicas, sino también por el estigma asociado a sus variedades lingüísticas.
La «u» y la «v»; la desaparición de la «ç»
Durante la Edad Media no existía una distinción sistemática entre «u» y «v»: eran variantes gráficas de un mismo signo y podían representar valores vocálicos y consonánticos. Esta ambigüedad afectaba especialmente a palabras con ue- inicial, susceptibles de confundirse con formas que iniciaban por sonido /b/.
Por eso, antes de que la oposición u (vocal) / v (consonante) se fijara normativamente en el siglo XVIII, se generalizó una solución práctica: anteponer una «h» protética para indicar que, en esas voces, la u debía leerse como vocal. Así se asentaron grafías como:
- velo/uelo → huelo (lat. olēre; cf. olor), frente a velo.
- veso/ueso → hueso (lat. ossum; cf. osario), frente a beso.
- vevo/uevo → huevo (lat. ovum; cf. oval), frente a bebo.
Esta «h» no es etimológica ni representa sonido alguno: es un recurso gráfico diacrítico. Al fijarse en el siglo XVIII la distinción normativa entre «u» vocal y «v» consonante, la ambigüedad que la motivó desapareció. Por eso, la h no etimológica de palabras como hueso, huevo o huelo no fue productiva, sino una solución puntual, conservada hoy como fósil ortográfico.
Ese mismo siglo se eliminó la cedilla (ç), que surgió al colocar una pequeña z cursiva del alfabeto gótico (ꝣ) debajo de la c. Es, literalmente, el diminutivo de la «ceda» (zeta) en castellano medieval. La simplificación de sibilantes en los siglos XVI-XVII borró la diferencia entre z [dz] y ç [ts], por lo que la RAE optó por suprimirla:
- caça→ caza
- hazer→ hacer
- vezino→ vecino
- coraçón→ corazón
- çumo→ zumo
Combinaciones consonánticas cultas
También en 1726, la RAE fijó y normalizó varios grupos consonánticos de origen culto para conservar raíces etimológicas y, en palabras de la época, “evitar violencia en la pronunciación”. Aunque la vacilación era común en el uso general (dotor/doctor, mostruo/monstruo, estraño/extraño), la Academia optó por las formas cultas:
- -bst-, -bstr- → abstinencia, su(b)stancia, abstraer
- -ct- → docto, pacto, producto, efecto, recto
- -gn- →digno, maligno, magno, signo, asignar
- -mn- → solemne, himno, ómnibus, amnesia
- -pt- → precepto, concepto, apto, captar, optar
- -nsc-, -nscr- → tra(n)scendental, transcurso, transcripción
- -nsp- →conspiración, tra(n)splante, transponer, transportar
- -nstr- → instruir, monstruo, demo(n)stración, construir
- -sc- → ascender, disciplina, consciencia
- -x + [c, p, t, qu-] → excelente, experiencia, extender, exquisito
- -x + [cl, cr, pl, pr, tr-] → exclamar, excretar, explicar, expresar, extraño
Hubo algunas excepciones debido a:
- El arraigo del uso común: mostrar (no monstrar), conciencia (no consciencia), fruta (no fructa), crecer (no crescer).
- Diferencias semánticas que convenía preservar: respeto vs. respecto; afeitar vs. afectar; hoja vs. foja.
En contraste, otros grupos de difícil pronunciación se simplificaron, tanto en el habla culta como en la popular:
- assumpción → asunción
- prompto → pronto
- sancto → santo
Geminadas latinas y grafías griegas
Mientras que el francés y el inglés conservaron muchas consonantes dobles latinas, el español tendió a simplificarlas:
- abbreviar → abreviar
- addición → adición
- sufficiente → suficiente
- aggressivo → agresivo
- grammática → gramática
- apprehender → aprehender/aprender
- fuesse → fuese
- attender → atender
Asimismo, adaptó grafías y sonidos griegos, generalmente a través del latín culto:
- patriarchâ → patriarca
- phantasma → fantasma
- rhetórica → retórica
- theatro → teatro
El acento circunflejo sirvió históricamente en palabras como châracterística para indicar que la “ch” debía sonar como /k/ o para señalar letras latinas perdidas:
- fê/fé (hoy fe), del latín fi(d)em
- vê/vé (hoy ve), del latín vi(d)et
La «x» de México y la «j»
En 1815, la RAE introdujo varios ajustes ortográficos: sustituyó qu por c en ciertos contextos (quanto → cuanto) y, dado que la antigua x —antes pronunciada [ʃ] cómo en «show»— ya había evolucionado hacia un sonido más gutural ([x]), decidió representarla con la j moderna. En náhuatl clásico, en cambio, eso no ocurrió y la x se mantiene con el valor de [ʃ].
Por esa continuidad histórica —y por la abundancia de palabras con x en diversas lenguas indígenas— México nunca adoptó plenamente la sustitución, y la letra terminó por convertirse en un rasgo identitario. Así, la postura académica pasó de rechazarla en 1815, a admitirla en 1992 y, finalmente, a recomendar su uso en 2001, aunque circunscrito al nombre del país y su gentilicio. A veces, la fuerza de la costumbre termina imponiendo su propia norma.
También existen otras zonas grises en palabras de origen griego: psicosis/sicosis, pseudónimo/seudónimo. En el fondo, la escritura nunca es del todo neutra, ya que arrastra historia, prestigio y decisiones que no siempre responden a la pronunciación. Ahí está, por ejemplo, la p de psicología: prescindible al hablar, pero difícil de soltar en la escritura. Si no lo crees, pregúntaselo a tu psicólogo o psicóloga de confianza… y fíjate cómo lo escribe.
Contrario a la creencia popular de que la ortografía no cambia o no debería hacerlo, la historia del español revela una evolución dinámica y muchas veces polémica (¿les suena presidenta?). Desde la Grammatica de Nebrija hasta las reformas de la RAE en los siglos XVIII y XIX, la lengua escrita ha sido, y seguirá siendo, terreno de tensiones entre innovación social, conservación erudita y resistencia identitaria. La supresión de la «ç», la fijación de grupos cultos o la disputa por la «x» de México ilustran cómo el español se adapta a necesidades prácticas y contextos históricos, mientras coexisten otras variedades igualmente legítimas.
Obras consultadas
- A Diachronic Approach to the Confusion of B with V in Spanish by Eva Núñez Méndez
- BBC News Mundo. (2018, September 3). ¿Por qué México se escribe con X y no con J? BBC.
- Diccionario panhispánico de dudas (DPD) [en línea], 2.ª edición (versión provisional). [Consulta: 07/01/2024].
- Echenique Elizondo, M. T., & Satorre Grau, F. J. (2013). Historia de la pronunciación de la lengua castellana.
- El País. (1984, December 29). Sobre la reforma de la ortografía española. El País.
- Rodado Noriega, C. (2020). Cómo se hizo el español.
- The evolution of the written accentuation system in Spanish since 1726 by Samantha Rose Coughlin and Regina Morin.
- Variation and standardization in the history of Spanish spelling by Elena Llamas Pombo.

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