Termina el año y me encuentra lejos de casa, pero no desubicado y tampoco solo. Estoy en Bolivia, haciendo algo que me gusta. Y eso, en sí, ya es ganancia.

A pocas horas de que inicie el nuevo año, pienso en cómo ciertos lugares pueden sentirse familiares incluso cuando son nuevos. Algunas partes de Santa Cruz son casi un espejo de Tampico: el calor húmedo que se pega a la piel, las calles pavimentadas (y otras que no lo están tanto), la música que se filtra desde las casas o los autos, la actitud abierta de la gente. Hay momentos en los que camino y podría jurar que estoy en el noreste de México.

Pero Santa Cruz también tiene su propia identidad. Están los sombreros de saó, la chicha de maíz, las empanadas recién hechas, los sabores que cuentan historias locales. El simple acto de caminar por sus calles —siendo además punto de encuentro de una decena de becarios estadounidenses a los que acompaño— me mueve por dentro. Por momentos, se reafirma mi identidad latinoamericana (y mexicana entre mis hermanos andinos); en otros, logro comprender mejor la experiencia de los estadounidenses que provienen de zonas agroindustriales alejadas de las grandes metrópolis en su país. Su forma de ser es, sí, americana, pero también sencilla, directa y sin complicaciones innecesarias.

Durante estos días aprendí mucho sobre los agricultores en Bolivia y los retos que enfrenta el país. Ya sean granjeros brasileños que han construido su vida aquí o bolivianos en zonas rurales con desafíos propios, el trabajo del campo revela tensiones económicas, culturales y sociales. Sin embargo, algo permanece constante: la hospitalidad. La buena actitud. La disposición genuina a compartir lo mucho o poco que se tiene.

Esta experiencia me ha permitido conocer otra faceta de los estadounidenses con quienes viajo, entender mejor el contexto boliviano y, sobre todo, confirmar algo que siempre sospecho y siempre redescubro: la diversidad no es teoría; es vida cotidiana.

Como ya es costumbre, los becarios vienen a aprender… y yo termino aprendiendo igual. Quizá más de lo que imaginaba. Para mí, aprender es vivir. Y pocas cosas me resultan más satisfactorias que poder hacerlo a través de mi trabajo.

Cierro el año agradecido, sabiendo que incluso lejos de casa puedo encontrar familiaridad, hospitalidad y nuevas formas de entender el mundo.

¡Feliz año para todos!
Happy New Year, everyone!
Feliz ano novo pra todos!

31 de diciembre de 2015


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